Conociendo a natura (Puyehue)
¡Hola lagartos!
Después de un rato andando cuesta arriba, llegamos a un mirador donde se veían las montañas nevadas y gran parte del bosque, digamos que fue un espectáculo digno de respirar.
Aquí vuelvo, esta vez para contaros nuestra primera salida de campo, hecho importante teniendo en cuenta que Belén está estudiando Biología y yo, bueno, yo soy una lagartija, así que todo lo que sea naturaleza nos encanta a los dos.
Se levantó una mañana helada y nubosa, a lo lejos se nos podía ver a Belén y a mi, abrigados hasta las cejas y asumiendo que íbamos a morirnos de frío el resto del día mientras avanzábamos entre la niebla hacia la estación de autobuses o ''el terminal'', como se le dice aquí.
Cuando por fin bajamos del autobús, le quitamos otro grado más al día con cara de resignación y nos pusimos a mirar un mapa con las rutas y los senderos. He de decir que Belén no tiene orientación ninguna. Yo, por supuesto sí que la tengo, pero como no puedo hablarle no sirve de nada. De todas formas, no íbamos solos, nos acompañaban dos amigos de Belén; un geógrafo y un chileno autóctono, por lo tanto, nosotros (ingenuos) pensamos que era imposible que nos perdiéramos.
Una vez aclaradas las ideas echamos a andar y empezamos a descubrir un bosque húmedo en galería que parecía salido de un cuento de duendes. Con la boca abierta y mirando hacia arriba Belén admiraba los árboles de mas de 600 años de antigüedad llenos de musgo y de plantas trepadoras, con raíces que cubrían gran parte del suelo. Y si te fijabas bien, había pequeñas setas, flores y frutos que asomaban de cualquier parte.


Después de un rato andando cuesta arriba, llegamos a un mirador donde se veían las montañas nevadas y gran parte del bosque, digamos que fue un espectáculo digno de respirar.
Tras la parada del mirador, decidimos inocentemente seguir andando por el sendero que nos advirtieron, se volvía más complicado. Haciendo oídos sordos continuamos con cada vez más barro, mas riachuelos, más resbalones y menos camino. Tengo que reconocer que fue muy divertido y estuvo entretenido, más que nada porque yo solo observaba desde la oreja de Belén, como los tres humanos tontos hacían malabares para no caerse en el barro y para sortear riachuelos. Belén, cada vez más concentrada para no caerse y ensuciarse de barro el único abrigo que tiene, se agarraba a las plantas y a los troncos de los árboles agradeciéndole en silencio al bosque que le echara una mano.
Superado el sendero infernal, llegamos a una carretera desde la cual se veía un lago, y decidimos volver por ahí, solo que en dirección contraria. Sí, se equivocaron de dirección y se dieron cuenta cuando llevaban 5km caminados. Así que decidimos hacer autostop hasta que algún alma caritativa nos quisiera llevar a la entrada del parque. Y así fue como llegamos de nuevo al principio, en la parte de atrás de un todoterreno de unos hippies muy simpáticos.
Menos mal que nos estaban esperando unas termas naturales con vistas al bosque después de la paliza (con todo lo que tuve que caminar yo). Nos relajaron mucho antes de volver a subir al autobús.
Puyehue fue una aventura en toda regla. Belén quedo prendada del bosque en galería y se podía respirar la conexión con la naturaleza. A pesar de que llegamos muy cansados, mereció la pena.





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