FAMILIA

¡Hola amigos!

Aunque aún queden muchas cosas de las que hablar en el tintero, hoy tengo que darle prioridad a una historia realmente especial, ya que los sentimientos de Belén, a día de hoy, prácticamente me gritan que escriba sobre esto. Asi que allá vamos...
Desde que llegamos Belén y yo a Chile, con nuestra maleta llena de ganas, miedos e inseguridades, nos fuimos encontrando personas iguales a nosotros. El primero fue Rubén, del que ya os he hablado en alguna que otra entrada, y que se fue convirtiendo poco a poco en un hermano mayor para Belén. Estaban los dos solos en los primeros días de incertidumbre, quedaban para salir a pasear y a conocer esa ciudad extraña llamada Osorno en la que vivían, entre paso y paso, se contaban sus experiencias y sus sueños, sus planes de futuro y sus formas de ver la vida. Al principio coincidían en que sus prioridades no eran la fiesta ni las discotecas, pero acabaron cerrando juntos todo ''carrete'' que se les pusiera por delante. Poco a poco fue creciendo la confianza, apareció Carlota y se formó el famoso ''NÚCLEO'', la triada española, codo con codo, risa con risa, apoyo incondicional.
Por otro lado, Belén veía en frente de su ventana una cabaña que encendía su luz de vez en cuando, ella sabía que allí vivían dos españolas, Ana y María, pero apenas habían coincidido y no era mucho la conexión entre ellas. Lo que no sabían las tres, es que a veces hace falta una pequeña chispa para que todo explote, para que la conexión surja a raudales. Y así fue, sin saber como, ni donde, ni por qué, Belén y las españolas empezaron a compartir un vinito de vez en cuando, alguna que otra cena, una noche de cine o incluso la cama cuando venían de vuelta en las noches de fiesta. También empezaron a compartir confesiones, consejos y bromas, comenzaron a compartir amistad.


Desde aquella excursión que hicieron los estudiantes de movilidad a principio de curso, Belén supo que existían unos mexicanos, pero al principio tampoco coincidió con ellos, hasta que de poquito a poco, de rato en rato, a través de Ana y María, empezaron a conocerse. Belén inmediatamente supo que a partir de ahí comenzaba a formarse algo fuerte. Había una chica, Berenice, que cayó en mi gracia, porque hacía reír a Belén a cada rato, y le brillaban los ojitos cuando nos hablaba de su cultura y de sus costumbres. También me llamó la atención otro chico, Joaco le decían, con la sonrisa más bonita y más sincera del mundo, siempre ahí cuando se le necesitaba, siempre de buen humor, siempre bromeando y dispuesto a ayudar. A parte de ellos, mexicanos había muchos más, como Diego y su guitarra, que hizo que los estudiantes de movilidad 2016 de la ULA tuvieran un himno que cantar, Dennis, la chica más dulce del mundo, o Itzel, su compañera incondicional. También la brasileña Brunna y sus caipirinhas que nos dejaban a todos por los suelos en cualquier fiesta. O los franceses, Helena y Alexis, como olvidar la cara de felicidad de todos cuando Alexis salía de su cabaña con creppes y chocolate.



El caso, es que este lagartijo fue viendo como Belén se empezaba a sentir como en casa, como empezaba a formar la familia sin lazos de sangre más bonita, mas sana y mas sincera del mundo. Todos empezaron a compartir en Bilbao 2015, cenas interculturales, tardes de cerveza, simples charlas y consejos pre-examen cuando la saturación y el agobio podían con ellos. Compartieron culturas, formas de hablar, maneras de ver el mundo, compartieron carcajadas y cantes por las noches, compartieron una guitarra y muchas voces, compartieron felicidad, y no hay cosa más cierta que eso de que la felicidad es lo único se multiplica al compartirse.



Como todo en esta vida, esta experiencia tan mágica tuvo que llegar a su final, y a pesar de que Belén permanece 6 meses más en Chile, la mayoría de los estudiantes de movilidad han tenido y han debido volver a sus países, con el corazón un poco más roto pero un poco más lleno. Una de las cosas más duras para Belén de esta etapa de su vida ha sido asumir que hay personas que ya no están.

Pero no es tan así, ni tan para siempre, porque a una familia siempre se la lleva en el corazón.

Nadie nos dijo nunca que el precio de la felicidad era aprender a despedirse.

A vosotros, mi familia latina; no pareis nunca, continuad mis valientes, sonreídle de cara al miedo y seguid apostando como habéis hecho hasta ahora. Y nunca, nunca, nunca en la vida se os ocurra conteneros.

                                    

Belén os quiere muchísimo.



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