Respirando salado. Maicolpue, Bahía mansa y Pucatrihue.
Retomando el hilo de la historia... hoy quiero hablaros de nuestro sitio favorito de todo Chile y de cómo lo conocimos.
Apenas empezaba Octubre cuando Belén y Rubén escucharon hablar de tres lugares en concreto, con unos nombres mapuches muy raros (a aclarar, mapuche es la lengua originaria de los pueblos nativos del sur de Chile) que ninguno de los dos eran capaces de pronunciar. ¿Maicolqué? ¿Pucacómo? ¡Ahhh! ¿Pero es por la costa? (Y a Belén se le iluminaron los ojos de inmediato) ¡Vamos!
Y así fue, como una mañana temprano, mochilas, bocadillos y cámaras en mano, nos plantamos en la terminal de autobuses de Osorno, nos montamos en el primero que pillamos y disfrutamos de un viaje espectacular por la carretera más bonita, mas verde y con mas curvas (todo hay que decirlo) que Belén y yo habíamos visto jamás. Belén iba pegada a la ventana como una niña pequeña viendo como a su alrededor todo se movía, los árboles envolvían a la carretera haciendo de puentes, había flores, hierba y vacas por todos lados.
Imaginaos cuando vimos la costa, ese autobús sacado de los años 80 bajando a una caleta y bordeando un océano azul intenso, y nada pacífico. Impresionante. Habíamos llegado a Maicolpue.
A Belén jamás se le volvió a olvidar el nombre de aquel sitio hecho espectáculo.
Bajamos del bus con ganas de comernos el día y anduvimos paseando por la playa, donde nos encontramos a tres perros callejeros que conectaron con Belén desde el minuto uno, y de hecho, nos acompañaron todo el día, como tres niños buenos, a ver si pillaban algunos mimos y algo de comida.
Recorrimos las dos playas que tiene Maicolpue, paseando, a un lado el mar y al otro montaña, izquierda y derecha, azul y verde intensos. En el mar se levantaban olas bravas de vete tu a saber cuantos metros y en las montañas pegadas a la playa se observaban pequeñas cabañas de colores esparcidas entre los árboles, con escaleritas de madera escondidas entre los matorrales y llenas de enredaderas y flores. Belén no lo dijo en alto pero yo se que en sus planes de un futuro muy lejano le encantaría una cabañita roja entre tanto verde y frente al mar.
A media mañana decidimos ir andando hasta Bahía mansa, cuando ya llevábamos un ejército de perros callejeros detrás. Conocimos el pequeño puerto de Bahía mansa, lleno de barquitas de colores, parecía sacado de un cuento y pillamos un autobús hacía Pucatrihue, la última playa.


Maicolpué (Osorno, Región de los Lagos, Chile)
Allí nos dimos la caminata de nuestra vida, que no le costó tanto a Belén ya que tenía su querido mar a un lado y los chistes y las bromas de Rubén al otro. Recuerdo escuchar las carcajadas de Belén cuando iba agotada subiendo una cuesta y Rubén dijo algo así como: ''Mira que color tan bonito tiene el cielo Belén, ¡es azul!'' Lo obvio del comentario y el tono en el que lo dijo, hicieron que Belén se tuviera que parar y doblarse de la risa. Lo mismo pasó más tarde, en la búsqueda de un faro fantasma que ningún lugareño supo ubicar correctamente, pero que al final encontramos.
Pucatrihue (Osorno, Región de los Lagos, Chile)
Volvimos a Maicolpue como pudimos, medio andando medio en bus, muertos de cansancio pero satisfechos. De vuelta a Osorno Rubén se quedó dormido, pero Belén no pudo dejar de mirar por la ventana de nuevo, a pesar del sueño que tenía.
Al dejar las playas, Belén sabía que iba a volver muchísimas más veces a aquel lugar, y así fue...
Pero eso serán otras historias que os irá contando este humilde lagartijo más adelante.
Besos salados.
Apenas empezaba Octubre cuando Belén y Rubén escucharon hablar de tres lugares en concreto, con unos nombres mapuches muy raros (a aclarar, mapuche es la lengua originaria de los pueblos nativos del sur de Chile) que ninguno de los dos eran capaces de pronunciar. ¿Maicolqué? ¿Pucacómo? ¡Ahhh! ¿Pero es por la costa? (Y a Belén se le iluminaron los ojos de inmediato) ¡Vamos!
Y así fue, como una mañana temprano, mochilas, bocadillos y cámaras en mano, nos plantamos en la terminal de autobuses de Osorno, nos montamos en el primero que pillamos y disfrutamos de un viaje espectacular por la carretera más bonita, mas verde y con mas curvas (todo hay que decirlo) que Belén y yo habíamos visto jamás. Belén iba pegada a la ventana como una niña pequeña viendo como a su alrededor todo se movía, los árboles envolvían a la carretera haciendo de puentes, había flores, hierba y vacas por todos lados.
Imaginaos cuando vimos la costa, ese autobús sacado de los años 80 bajando a una caleta y bordeando un océano azul intenso, y nada pacífico. Impresionante. Habíamos llegado a Maicolpue.
A Belén jamás se le volvió a olvidar el nombre de aquel sitio hecho espectáculo.
Bajamos del bus con ganas de comernos el día y anduvimos paseando por la playa, donde nos encontramos a tres perros callejeros que conectaron con Belén desde el minuto uno, y de hecho, nos acompañaron todo el día, como tres niños buenos, a ver si pillaban algunos mimos y algo de comida.
Maicolpué (Osorno, Región de los Lagos, Chile)
Recorrimos las dos playas que tiene Maicolpue, paseando, a un lado el mar y al otro montaña, izquierda y derecha, azul y verde intensos. En el mar se levantaban olas bravas de vete tu a saber cuantos metros y en las montañas pegadas a la playa se observaban pequeñas cabañas de colores esparcidas entre los árboles, con escaleritas de madera escondidas entre los matorrales y llenas de enredaderas y flores. Belén no lo dijo en alto pero yo se que en sus planes de un futuro muy lejano le encantaría una cabañita roja entre tanto verde y frente al mar.
A media mañana decidimos ir andando hasta Bahía mansa, cuando ya llevábamos un ejército de perros callejeros detrás. Conocimos el pequeño puerto de Bahía mansa, lleno de barquitas de colores, parecía sacado de un cuento y pillamos un autobús hacía Pucatrihue, la última playa.


Maicolpué (Osorno, Región de los Lagos, Chile)
Allí nos dimos la caminata de nuestra vida, que no le costó tanto a Belén ya que tenía su querido mar a un lado y los chistes y las bromas de Rubén al otro. Recuerdo escuchar las carcajadas de Belén cuando iba agotada subiendo una cuesta y Rubén dijo algo así como: ''Mira que color tan bonito tiene el cielo Belén, ¡es azul!'' Lo obvio del comentario y el tono en el que lo dijo, hicieron que Belén se tuviera que parar y doblarse de la risa. Lo mismo pasó más tarde, en la búsqueda de un faro fantasma que ningún lugareño supo ubicar correctamente, pero que al final encontramos.
Pucatrihue (Osorno, Región de los Lagos, Chile)
A mitad del paseo, hicimos autostop para llegar a un mirador que tenía Pucatrihue, desde el que se veía todo el Pacífico, tan elegante como siempre.
Volvimos a Maicolpue como pudimos, medio andando medio en bus, muertos de cansancio pero satisfechos. De vuelta a Osorno Rubén se quedó dormido, pero Belén no pudo dejar de mirar por la ventana de nuevo, a pesar del sueño que tenía.
Al dejar las playas, Belén sabía que iba a volver muchísimas más veces a aquel lugar, y así fue...
Pero eso serán otras historias que os irá contando este humilde lagartijo más adelante.
Besos salados.







*O* quiero ver como sigue esta historia...
ResponderEliminar¡Va a haber muchas mas! y un larry va a aparecer mucho por aquí me parece a mi :)
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