Para quedarte

Sé que hace mucho tiempo que no os escribo lagartijos, perdonadme, soy un poco disperso y he estado ausente un tiempo. Pero soy de los que piensan que las cosas se tienen que hacer cuando a uno le salen del corazón. Por eso hoy me siento a escribir de nuevo, a narraros una historia paralela a todas las contadas hasta ahora, y paralela también a historias futuras.


Esta es la historia de cómo Belén conoció a Diego. Bueno… no solo de cómo se conocieron, sino de cómo se fueron convirtiendo en parte indispensable el uno del otro.

Belén conoció a Diego a principios del curso chileno, cuando ya pensaba que no iba a tener compañeros de clase en ninguna asignatura y estaba resignada a ello, de repente, un día, para la primera clase de Acuicultura general (a las malditas 16:00 de la tarde, todo hay que decirlo), apareció un chico que la saludó y se quedó esperando en la puerta a su lado. Belén pensó al principio que se trataba de alguien que querría hablar con su profesor, ni por asomo se imaginó que fuera a ser su compañero, ni mucho menos, su amigo, pero así fue. Los primeros días (que Diego siempre reprochará) Belén era fría y distante, lo único que aceptaba y que dejaba entrever que en realidad no era así, era un café después de clases, de vez en cuando acompañado de una empanada.
El café y las empanadas se fueron convirtiendo en rutina, las conversaciones también, por lo que, poco a poco, fueron cogiendo algo de confianza el uno con el otro, pero Belén ni por asomo se mostraba tal cual es, hasta que…


Hasta que un día de lo más normal, Belén acompañó a Diego en su coche al centro a hacer unos recados, y al arrancar, comenzó a sonar a todo volumen un reggaetón de los viejos que a Belén le pareció de lo más hortera, pero la cosa no quedó ahí, sino que conforme conducía, como si estuviera solo en el coche, Diego se puso a cantar y a bailar las canciones de lo más motivado. ‘’CLICK’’ en la mente de Belén, la cual no pudo contenerse y se echó a reír a carcajadas, pero en ese justo momento supo con certeza que ambos se iban a llevar muy bien (lo que unen las tonterías oye).
A partir de ahí todo sucedió tan rápido…



Belén empezó a ser la copiloto oficial, y pasó de quejarse del reggaetón viejo a aprenderse todas las canciones y cantarlas y bailarlas a grito pelao' junto a Diego. Hubo muchos días de ‘’estudio’’ en el seminario de Biología marina, con guerras de tipex incluidas, donde no estudiábamos nada, y como consecuencia, hubo muchas notas de exámenes idénticas a base de copiarnos el uno al otro en cuanto ‘’al profe’’ se le ocurría salir por la puerta.  No todo fue universidad, hubo muchas fiestas en Bilbao 2015 (la casita de Belén), muchas risas en Cairo y algún que otro momento de película de acción o más bien de culebrón venezolano. Muchas tardes perdidas de películas, de cortes de pelo o de no hacer nada compartidas con Carlota y Rubén, con Anaís, Maca, Murci o Lalo. Hubo mil cenas de shushi y micheladas en el Z-bar, hubo muchos, muchísimos TACs, que quizás algún día os cuente lo que son.

Lo pasaban realmente bien, Belén conoció Villa espectro, el pueblo donde vive Diego.

También fueron muchas las veces que se fueron a Maicolpué, a tirarse en la playa, con la costumbre de enfrentarse a las olas de 4 metros y dejarse llevar hasta la orilla, donde salían con cara de agobio y dolor de oídos, pero siempre riéndose y por supuesto, siempre todo grabado por la GoPro para que nunca cayeran en el olvido las gilipolleces que hacían aquellos dos. Los atardeceres en la playa con los amigos o los días de acampada allí son cosas que tampoco puedo pasar por alto,  el tiempo compartido es el mejor regalo, y era lo que más hacía feliz a Belén.




Comenzaron a nacer términos, o más bien, comenzaron los intercambios culturales, de manera que escuchabas a Belén decir: ‘’ Larry’’, ‘’Puta la weá’’ ‘’Cachai‘’ ‘’Basurita’’ ‘’concha de su madre’’ y escuchabas a Diego intentando imitar el acento andaluz de Belén sin éxito: ‘’No me toques los cojone’ ‘’ ‘’ un mohón’’ ‘’bueno vamo a ve’’ ‘’guarro asqueroso’’ y un largo etc.

Se comienzan a crear recuerdos de los que no se olvidan, como ese treckking a La Junta, Cochamó, en el que nos presentamos 5 amigos sin tener ni idea de que íbamos a hacernos 30 km ese día, que nos íbamos a perder en el bosque de vuelta yendo a contrarreloj porque oscurecía, que íbamos a ver los toboganes naturales más impresionantes del mundo y que nos íbamos a tirar por ellos, por muy fría que estuviera el agua. O aquellos días en Caleta Cóndor, con la isla desierta y las playas paradisiacas para nosotros, las hogueras y el vino nocturno y las heladas de verano cayendo en nuestras tiendas de campaña. Pero esto son historias que contaré en otra ocasión. 




La confianza creció cuesta abajo y sin frenos, de forma exponencial, y llega un momento, no sé exactamente cual, en el que a Belén se le rompen los esquemas. Ella tenía la firme idea de que con 22 años y su personalidad construida, era casi imposible conectar tanto con alguien que no fueran sus amigas de la infancia, su familia (o su lagartijo). Bien, ese ''casi'' fue Diego. Y como decía, se te rompen los esquemas, porque un día cualquiera piensas que esa persona que se ha convertido en tu amigo del alma, en tu hermano, y en tu partner 24/7, siempre ha estado a 10.000 km de ti, se ha criado en otra familia, en otra cultura, en otro país, en otro continente y, ojo ahí, en otro hemisferio. ¿Cómo es posible? te preguntas.

Es esa persona a la que puedes odiar con cada célula de tu cuerpo, porque puedes quererla y echarla de menos de la misma forma, esa persona con la que no tienes secretos, con la que tienes confianza plena para alegrarte de sus éxitos como si fueran los tuyos propios, con la que no tienes escrúpulos para decirle lo que hace mal. Esa persona a la que le sueltas toda la mierda en la cara, pero a sus espaldas lo defiendes por encima de todo. Como un hermano con el que te peleas a veces de verdad, a veces jugando y a veces solo porque estás aburrido. Y en su ausencia, Belén se acuerda a cada momento, en cada tontería de su día a día y piensa: ''le encantaría ver esto'', ''ojalá estuviera aquí''. 

Esa persona que te lleva al aeropuerto y nada te puede parecer más cruel en el mundo que tener que despedirte de ella, y ni siquiera te salen lágrimas porque no lo procesas. Esa persona con la que conoces un nuevo y más doloroso significado de echar de menos, ese que lleva impreso la posibilidad muy real de no volver a verse nunca más, o en el mejor de los casos, verse en 4 ó 5 ocasiones en lo que resta de vida. Y nadie se puede imaginar lo que eso duele.



Por eso él es la persona ''para quedarte'' de Belén. Y aquí vienen las explicaciones, tranquilos. Para quien no lo sepa, ''Para quedarte'' es una canción de ‘’el kanka’’ que os invito a todos a escuchar y que se resume en las siguientes frases:

''Como si llevara aquí una eternidad, como si fuera el principio de un largo final, no sé’’
‘’Acaba de llegar pero ya pilla el compás, no sé''
''Como el recuerdo que nunca se va, como la mano que no has de soltar, viene para acompañarme en este caminar''

Y las imprescindibles y más importantes:

                                 ''Si se trata de ti, te hago hueco aunque esté lleno,
                                  No hace falta decir que en tu guerra mato y muero''



''que vienes para quedarte''





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